martes 1 de diciembre de 2009

Me encantan los días en los que me levanto enfadado, por alguna extraña razón que desconozco, ya sea por cuestión física (no es bueno enfadarse, fumas más, el corazón late más deprisa...) o psicológica (estar enfadado reduce las posiblidades de caerle bien a alguien) mi cuerpo repele esa sensación, es entonces cuando me planteo hacer cosas.

Es entonces cuando llamas a gente, quedas con ellos y decides hacer algo que no es lo que estaba planeado, empiezas a hablar y se te olvida todo, y el día que había empezado nublado se convierte en un buen día, aunque como reza el cartel de algunos bares "ya verás como aparece alguien y lo jode".

Y efectivamente, pasa, y el día se convierte en algo monótono, que deseas que pase, ni mal ni bien, solo que pase y mañana otro más.

Es entonces cuando el periodo de 24 horas te guarda una sorpresa, vuelves al lugar inicial donde has forjado el cabreo y te das cuenta, por si había alguna duda, de que cabrearse no vale de nada, ya que la causa del enfado parece darse cuenta de que tú eres más fuerte.

Me encantan los días en los que me levanto enfadado, en el fondo son como la vida, un periodo de tiempo, donde a ratos mandarías todo a la mierda pero que al final merece la pena.

martes 24 de noviembre de 2009

Me apetece escribir, no se de qué o quién solo escribir, a vuelapluma, como lo hago siempre, sin pensar mucho en lo que digo.

Pero desgraciadamente (o afortunadamente) no hay nada que escribir, mi vida transcurre tranquilamente, sin malas noticias, sin buenas noticias.

Podría escribir sobre lo conocido aquí, sobre lo dejado en casa, sobre lo que se ha marchado a otros lugares, sobre lo que siempre quise hacer... pero no es el momento, ya los ha habido otros días, y ya habrá muchos más.

Hoy es una entrada para recordarme cuando la relea al cabo de unos meses que hoy estoy bien, que no hay noticias, lo cual no significa que quiera que todo se quede así.

sábado 24 de octubre de 2009

Salir por Madrid

Madrid es diferente, mucha gente, muchos lugares y a menudo lejos de casa, pero la oferta es apabullante, lo malo es que no es Zaragoza y no tienes a tu gente, y aunque hagas amigos nunca serán los mismos.

De todas formas le empiezo a coger el gusto a esta inmensa ciudad, aunque prometo no hacerme madrileño, seguiré siendo zaragozano, seguiré echando de menos las plazas y las calles de Zaragoza, seguiré echando de menos todo lo que viví en Zaragoza.

Aunque desgraciadamente no puedo prometer volver a vivir allí...

viernes 23 de octubre de 2009

Señales

Lo malo de las señales es que las encuentras, no por buscarlas conscientemente, pero siempre encuentras un verso de una canción, una frase de una película, un pasaje de un libro o una vivencia en la que ves identificado algún momento que deseas que llegue.

Lo malo de las señales es que al final te las crees, y las muy escurridizas no llegan, sobre todo si las esperas.

Lo malo de las señales es que te hacen vivir en un mundo que no existe y por eso puedes dejar pasar el verdadero significado de otras señales que no te han calado tanto.

Sin embargo siempre seguiré viendo la señal que me diga que todo volverá a ser como antes, aunque se que ahora no es así, aunque estoy seguro que nunca lo será... pero sigo creyendo en ese momento.

miércoles 21 de octubre de 2009

Hay días en los que ya te levantas con el ánimo torcido, un mal sueño, haberte despertado mil veces durante la noche... En esos días ya sabes que el día o al menos gran parte de él será una catástrofe anímica.

No hablo de levatarse con el pie izquierdo y que se te caiga el café, se te rompa la taza y no haya agua caliente cuando te duchas, hablo de la necesidad de hablar con personas que no puedes, bien porque estén lejos, bien porque ellas no quieran hablar contigo; hablo de la necesidad de tener a alguien a quien dar un abrazo; hablo de días tristes desde el primer minuto en que eres consciente.

Pero el día sigue, y ves una entrada de alguien referida a tu mayor mal, ves la falta de respuestas a tu correo para decir que tal tú, algo que a pocos debe interesar, te enciendes un cigarro tras otro, se te van las ganas de hacer nada.

Llegará la tarde y las rutinas, harás lo de siempre, te costará menos sacar una sonrisa, pero la sacas, porque al fin y al cabo que culpa tiene el resto de tu día torcido.

Y es entonces, cuando quien sabe por qué, ese día empieza a ser menos triste, las sonrisas te salen, te las devuelven, te gusta, te gustas, y acaba el día con la certeza de que aunque estés lejos, allí donde estés habrá gente para levantarte en tus días tristes, aunque aún no las conozcas, aunque aún no lo puedan hacer.

lunes 19 de octubre de 2009

Versos de blues

Si estar contigo duele
y tu indiferencia también
por qué no he de matarte
y dejar de sufrir de una vez



No se si es una licencia poética o algo que pienso que nunca llegaré a hacer.

miércoles 14 de octubre de 2009

Son ya las cuatro de la mañana y no se si por llevar un horario diferente debido a las fiestas o por la morriña que siento ahora mismo, no puedo dormir, la cama es cómoda pero quizá falte un "algo" o un "alguien".

Después de revisar unas cuantas veces todas las cosas que me he traído de la gente de Zaragoza te das cuenta de que a veces parece que las relaciones cambian, pero en el fondo siempre es lo mismo.

En estos momentos te das cuenta de que a determinadas personas que por distintas razones de la vida has podido dejar algo de lado, siguen ahí, junto a tí, porque la distancia no son los metros que nos separan, la distancia es un muro que poco a poco se va haciendo más alto y que solo se forma cuando poco a poco vas olvidando a las personas.

Voy a echar de menos muchas cosas de allí, mi ración semanal de deporte, de niños, de humor... pero sobre todo voy a echar de menos a la gente. Creo que me he despedido de todos con un abrazo, pues bien, ahora mismo tengo la necesidad de volver durante unas horas, tomarme un café con todos y daros las gracias por el cariño que me habéis dado estos días y que en muchos de los casos no esperaba.

La ida de momento se ha hecho menos dura porque sabes que a la vuelta todo, o casi todo va a seguir igual, porque ni el tiempo ni los kilómetros importan, porque si queremos estaremos juntos otra vez. Eso sí, tenemos que querer, y como siempre pasa la historia se repetirá y volverán los cafés, las risas y las carantoñas, solo es cuestión de tiempo.

Gracias a todos.